“Ansiaba ir más allá de la puerta del jardín, seguir el camino que pasaba junto a ella y partir hacia lo Desconocido.”
— Alexandra David-Néel
Del prefacio de 'Mi viaje a Lhasa' (1927), donde David-Néel recuerda el anhelo de su infancia por explorar más allá de lo conocido. Se convirtió en la primera mujer occidental en entrar en Lhasa en febrero de 1924.
Ese camino más allá del portón del jardín me persiguió desde niña. No sabía nombrarlo, solo sentía que quedarme era morir despacio. Así que seguí moviéndome. A los cincuenta y cinco años entré en Lhasa disfrazada de mendiga, el rostro ennegrecido por el hollín, los pies en carne viva tras meses en la nieve. Todos decían que era imposible. Que era una locura. Yo lo llamaba necesario. Lo desconocido nunca fue algo que persiguiera por gloria. Era el único lugar donde podía respirar.
